lunes, 10 de septiembre de 2007

Rutinas conocidas

No es mío, por eso es buenísimo...

Me levanto de la silla y me dirijo a la cocina. Abro el armario que queda a la derecha de la puerta y me encuentro con la lata de tomate en conserva, la exprimidora eléctrica, un paquete de spaghettis y varios cacharros. Cierro el armario y abro el siguiente, qué también sé de antemano lo que contiene: una caja que a veces tiene galletas, latas de berberechos, latas de mejillones, latas de esparragos, y latas que perdieron la etiqueta hace tiempo y no podría asegurar a ciencia cierta qué es lo que contienen. Abro la nevera, y veo que no hay nada que me guste, pero cojo la botella de zumo y le doy un traguito. Cierro. Vuelvo al armario. Todo sigue en su sitio.

Salgo de la cocina y me dirijo al salón. Enciendo la tele, hago zapping por todos los canales y la apago. Voy al lavabo y me doy cuenta de que no tengo ganas de hacer nada en él. Vuelvo a la cocina, miro a ver que hay en la nevera, cojo la botella de zumo y le doy un traguito. Entro en mi habitación. Salgo de mi habitación y voy a la cocina. Cojo una escoba y antes de salir abro los armarios. Todo sigue como antes. Vuelvo a mi habitación y la barro toda bien barrida. Vuelvo a dejar la escoba en su sitio.

Entro en el lavabo, me bajo la cremallera de mis pantalones pero no me sale nada, y en realidad tampoco tengo ganas. Vuelvo a subirme la cremallera y voy al salón. Enciendo la tele pero antes de que aparezca ninguna imagen la vuelvo a apagar. Entro en mi habitación, cojo las pesas y hago un par de series de bíceps de 15 repeticiones y dos de triceps. Dejo las pesas en su sitio. Voy a la cocina. Abro el armario y compruebo la fecha de caducidad de los tomates en conserva.
Salgo de la cocina.
Entro.
Salgo.
Joder... mañana voy a suspender el exámen de matemáticas.

Gracias Yihad por tu inspiración...

miércoles, 5 de septiembre de 2007

¿Qué camino escoger?

¿Dónde… donde estoy?, ¿qué lugar es este en que he caído?. No observo a nadie por aquí, está todo oscuro y tenebroso, ninguna luz resplandece en este sitio.

La neblina espesa ha cubierto las calles por completo, el viento helado silba suavemente en mis oídos y sopla un aire penetrante que llega a congelar hasta los huesos.
Pareciera que estuviese sola, no es difícil de imaginar. Ya había observado todo mi entorno y ninguna presencia se puede apreciar, pero si de una cosa estoy segura, es que siento algo que no se puede ver, algo que me persigue y de lo que no puedo escapar, sé que está ahí y lo quiero averiguar.


Pero qué camino he de escoger, son todos iguales, no quiero cometer un error que pueda arrepentirme después.

Empiezo a recordar algo, música suave aunque el ritmo no lo es. Tengo dos opciones: quedarme aquí en la soledad absoluta, sin comida ni esperanza, o buscar algún alimento y refugio que pueda protegerme durante la noche y esperar la puesta del sol.

Vuelvo a La Fábrica, con mi gente, a mi sitio… Bienvenidos a todos, de nuevo.